top of page

'Agítese antes de usar': cuatro palabras claves contra la gravedad

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Esta es la ciencia tras esta recomendación que millones de personas en todo el mundo leen en los frascos de medicamentos.


Las suspensiones necesitan frascos con espacio suficiente para que al agitarse, las partículas se mezclen adecuadamente.
Las suspensiones necesitan frascos con espacio suficiente para que al agitarse, las partículas se mezclen adecuadamente.

Está escrito en miles de frascos y casi nadie se pregunta por qué. “Agítese antes de usar” parece una recomendación doméstica, de esas que uno obedece sin pensar. Pero detrás hay física, farmacotecnia y más de siglo y medio tratando de convencer a las partículas de que no se vayan al fondo.


El problema es sencillo: una suspensión no es una solución. En una solución, el medicamento está disuelto; en una suspensión, diminutas partículas sólidas permanecen dispersas en un líquido. O, por lo menos, eso intentan. Porque apenas el frasco se queda quieto, la gravedad empieza a trabajar y las partículas, lentamente, sedimentan.


La explicación física tiene nombre y apellido. En 1851, el matemático y físico irlandés George Gabriel Stokes, profesor en Cambridge, publicó su trabajo sobre la fricción interna de los fluidos. De allí nació la llamada ley de Stokes, que permite entender, entre otras cosas, a qué velocidad cae una partícula dentro de un líquido.


George Gabriel Stokes (1819 - 1903), matemático y físico irlandés.
George Gabriel Stokes (1819 - 1903), matemático y físico irlandés.

Stokes probablemente nunca imaginó que su ecuación terminaría explicando por qué una madre debe sacudir el antibiótico de su hijo antes de servirlo. La farmacia ya conocía el problema mucho antes de poder expresarlo matemáticamente. Los boticarios preparaban mixturas, lociones y pócimas en las que polvos insolubles acababan inevitablemente en el fondo.


El asunto se volvió cada vez más serio cuando, durante el siglo XIX, las farmacopeas comenzaron a imponer estándares a preparaciones que hasta entonces dependían demasiado de la habilidad —y a veces de la inspiración— del boticario.


En Estados Unidos, la primera United States Pharmacopeia apareció en 1820, creada precisamente para combatir lo que sus fundadores llamaban la “irregularidad e incertidumbre” en la preparación de los medicamentos. En Gran Bretaña, la British Pharmacopoeia nació en 1864, unificando los estándares que antes manejaban separadamente Londres, Edimburgo y Dublín.


Con el desarrollo industrial de los medicamentos, el viejo problema del sedimento dejó de ser una molestia del boticario y se convirtió en un asunto de dosis. Imagine un frasco con diez dosis. Si el principio activo se ha ido al fondo y nadie agita el medicamento, las primeras cucharadas pueden contener muy poco. Las últimas, demasiado. El frasco sigue teniendo la cantidad correcta de medicamento; lo que dejó de estar correcto fue su distribución.


 Imagine un frasco con diez dosis. Si el principio activo se ha ido al fondo y nadie agita el medicamento, las primeras cucharadas pueden contener muy poco. Las últimas, demasiado.

Ahí está toda la razón de esas cuatro palabras. La industria aprendió entonces a utilizar agentes suspensores, espesantes y otros excipientes para hacer que las partículas caigan más lentamente y, sobre todo, puedan redispersarse fácilmente al agitar el frasco.


Pero la gravedad nunca fue abolida por decreto sanitario. Por eso la instrucción sobrevivió. Los manuales farmacéuticos actuales siguen siendo tajantes: las suspensiones necesitan suficiente espacio dentro del frasco para poder agitarlas y deben llevar la advertencia: ‘Shake well before use’, porque el movimiento vuelve a distribuir el medicamento y permite medir una dosis uniforme.


Y no es una reliquia del pasado. Un antibiótico en suspensión autorizado en el Reino Unido desde 1985, por ejemplo, todavía indica que debe añadirse el agua en porciones, agitarse para lograr la suspensión y volver a agitarse antes de cada uso. Medicamentos modernos incluso especifican cuánto tiempo: algunas suspensiones actuales ordenan 30 segundos de agitación antes de administrar la dosis.


Así que la próxima vez que alguien lea ‘Agítese antes de usar’, puede hacerlo con un poco más de respeto. No es una frase ornamental ni una manía del fabricante. Es una pequeña batalla cotidiana entre la farmacología y la gravedad. Y, hasta ahora, para ganarla basta con sacudir bien el frasco.

bottom of page